Susurra a mi Oído.

Cada palabra surge del silencio, y de cada frase emerge un suspiro, un aroma, un pedacito de conciencia.

Así cada memoria surge del olvido, y de cada conjunto de vivencias encadenadas en la serpentina ondulación de vida y experiencia, de ensueño e historia, emerge un yo como emerge el aroma de la flor, el esplendor de la luz, y el amor del sentir.

Bésame pues cataclismo. Roza con tus ojos el oculto centro. Toca con tus dedos de seda las notas que surgen de mi voz. Mírame, y déjame conocerte en los brillos y destellos que despierta tu mirar. Escucha el clamor que brota; manantial de rezo y poesía del olvido.

Susurra en mi oído abierto al misterio y recibe de mí todo lo que puedo ser, disolviendo cada memoria y transformando en silencio cada uno de mis actos de amor, de rabia, de angustia, y de orgásmica visión.

–Koyote

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